Hace apenas 20 años, hablarle a un gerente de una constructora o inmobiliaria sobre computación en la nube era como hablarle de ciencia ficción. El sector del real estate, uno de los más tradicionales actualmente, guardaba sus planos en archivadores metálicos y confiaba más en el motoboy que en un servidor que no podía tocar con las manos. Subir un documento a internet no era un trámite, era un acto de fe.
De los archivadores metálicos a los datos vivos
En 2021, la Cámara Chilena de la Construcción y su Corporación de Desarrollo Tecnológico (CDT) midieron por primera vez la madurez digital del sector con el Índice de Transformación Digital de la Construcción. El resultado alumbró a más de uno: 46 de 100 puntos, la misma nota que el pequeño comercio. Solo 1 de cada 4 empresas contaba en ese entonces con una herramienta digital para controlar el avance de obra, y entre los contratistas esa cifra caía al 17%.
Y ese rezago era cultural, no solo tecnológico. Era una industria acostumbrada a la firma en papel que veía a la nube como un riesgo: ¿qué pasa si el servidor falla o la información se pierde? El cambio se dio cuando la pregunta se invirtió: ¿qué pasa si un archivador se moja, se incendia o simplemente se traspapela? Un informe del BID sobre BIM y digitalización en la construcción chilena estimó ahorros de entre 4,4% y 6,8% de los costos por proyecto. Y para 2024, de acuerdo con la CChC, el uso de soluciones digitales en planificación ya reducía los plazos de entrega en un 15%.
En ese tránsito, empresas como PlanOK llevan más de 25 años junto a inmobiliarias y constructoras de Chile, Colombia, Perú, México y Costa Rica, transformando salas de venta y gestión documental que dependían del papel en sistemas con datos vivos, disponibles 24/7 y con trazabilidad completa. La nube dejó de ser el riesgo y pasó a ser la garantía real de resguardo del patrimonio de una empresa.
El salto de la computación en la nube hacia la IA inmobiliaria
Lo que pocos llegaron a anticipar es que la computación en la nube nunca fue el destino final, sino más bien el paso previo: la base de datos masiva y estructurada que hoy hace posible algo más ambicioso, como la inteligencia artificial aplicada al real estate.
El mercado de computación en la nube en Latinoamérica pasó de 46.700 millones de dólares en 2024 a una proyección de 184.000 millones de dólares para 2033. Un estudio de NTT Data y MIT Technology Review encontró que el 98% de las empresas de la región ya iniciaron su transición a la nube y el 80% está en fase de implementación u optimización.
Esa infraestructura ya se usa para entrenar modelos de IA. Google invirtió 850 millones de dólares en su segundo centro de datos regional, en Uruguay, enfocado en IA y nube. Alibaba Cloud abrió su primer data center en México a inicios de 2025. Según JLL, la inversión global en startups de IA superó los 200.000 millones de dólares en 2025. El impacto ya se mide en el negocio inmobiliario: un 36% de las empresas del sector a nivel global usa alguna forma de IA, cifra que se proyecta llegue al 90% hacia 2030.
Quienes llevan dos décadas resolviendo cómo mover, ordenar y proteger información inmobiliaria en la nube parten con una ventaja clara: no arrastran la deuda técnica de migrar del papel a la nube y de la nube a la IA al mismo tiempo. Ya dieron el primer paso.
La confianza que hoy tienen desarrolladoras y constructoras en plataformas como PlanOK Comercial, PlanOK Postventa o PlanOK Documentos no nació de un día para otro, se construyó documento por documento durante más de dos décadas. Y esa misma base es la que hoy permite procesar información en tiempo real y avanzar hacia una IA predictiva pensada para el real estate latinoamericano.