Un punch list digital para la preentrega de viviendas es el registro de observaciones, como cerámicas sueltas, griferías que gotean, pintura sin terminar o en mal estado, que fue levantado desde una plataforma digital en lugar de una planilla impresa e incluye fotografías, firma electrónica y trazabilidad automática hacia posventa. Esto, con el propósito de reemplazar el formulario que el ejecutivo de entrega llena a mano y que luego debe digitalizar.
Para una inmobiliaria que entrega decenas de unidades al mes, la diferencia no es cosmética: cada observación que se traspasa a mano es una oportunidad de que el plazo de solución se extienda o se pierda, de que el comprador reclame ante el SERNAC o de que la garantía legal expire sin el defecto documentado.
El término viene de la jerga de la construcción (punch list o snag list) y describe el listado de pendientes de una inspección en conjunto con el cliente, previo a la entrega. Según la Guía para la Entrega de Viviendas del Grupo de Calidad y Posventa de la CChC, ese recorrido entre la inmobiliaria y el nuevo propietario puede tomar entre 30 y 90 minutos y cada observación aceptada se registra en un acta que luego se ingresa a los sistemas de posventa.
Y algo importante, que la misma guía advierte que suele pasarse por alto: esas observaciones debiesen tratarse como el primer listado de postventa del cliente, con los mismos plazos de solución que cualquier otro reclamo a futuro.
Si examinamos su flujo tradicional, un punch list en papel depende de que alguien traspase a mano todo lo anotado durante la visita, sin que el acta se traspapele entre la firma y la carga a posventa. La CChC recomienda contactar al cliente dentro de los primeros tres días hábiles desde cualquier ingreso, lo que dificulta su cumplimiento si la observación tardó semanas en digitarse.
Un estudio de Trend Group América sobre 24 inmobiliarias chilenas encontró que el 40% de las empresas atiende entre 55% y 60% de las unidades entregadas durante el primer año de posventa, un volumen que el registro manual no absorbe sin atrasos.
La Ley General de Urbanismo y Construcciones fija tres plazos desde la recepción definitiva de la vivienda: diez años por fallas estructurales, cinco por defectos de instalaciones y tres por terminaciones, este último contado desde la inscripción a nombre del comprador.
El SERNAC recuerda que inmobiliarias y constructoras deben responder dentro de esos plazos y que desde seis o más propietarios afectados puede iniciarse una demanda colectiva bajo la Ley de Calidad de la Vivienda. Un punch list digital con fecha, fotografía y firma de cada observación es la evidencia que sostiene esos plazos si el reclamo se discute.
Absolutamente. La Ley N° 19.799 establece la equivalencia entre un documento electrónico y uno de papel, por lo que un acta de preentrega firmada electrónicamente produce los mismos efectos legales que una que se firmó a mano, siempre que el sistema permita identificar al firmante. Eso habilita cerrar el acta desde una laptop o tablet durante el mismo recorrido, sin necesidad de reimprimir, digitar ni archivar papel.
Un caso de digitalización documentado por Trend Group América lo muestra: el tiempo promedio para cerrar un ticket de posventa bajó de 58 a 40 días tras digitalizar el proceso, apoyado en más de 120 mil notificaciones automáticas por correo. PlanOK Postventa aplica esa lógica en la entrega: cada observación de la preentrega queda registrada con fecha, responsable y evidencia fotográfica en el mismo sistema donde luego se gestiona el reclamo, sin reingreso manual entre el equipo de entrega y el de posventa.